Debemos señalar que esta temática, por lo
demás de decisiva importancia para la teoría junguiana,
hemos de abordarla con la intención de que sea comprendida no
sólo por aquellos que hacen sus primeras armas en la misma, sino
también para el gran público que, muchas veces ávido
de conocimientos, se acerca a la lectura de obras que a prima facie pueden
parecerle sumamente difíciles, es entonces cuando, lamentablemente,
son dejadas de lado y pocas veces se vuelve a retonar a ellas.
Este escrito, por lo tanto, pretende salvar apenas un escollo y brindar
algo que puede resultar de utilidad en el particular camino que propone
una cosmovisión del alcance y profundidad de la que nos ocupa.
Para ello, nos basaremos sobre todo en los trabajos de Jung "Energética
psíquica y esencia del sueño" y "Símbolos
de transformación" y en menor medida, en el libro "Temas
de psicología junguiana" de quien suscribe este artículo,
sin embargo, creo que no está de más decir que lo aconsejable
siempre es leer al propio Jung.
Como lo señala el pensador suizo, la expresión "energía
psíquica" ya se encontraba como tal en autores como Schiller,
von Grot y Lipps; este último al igual que Brentano, diferenció
la energia psíquica de la física; Brentano, sostenía
que el rasgo distintivo de lo psíquico era la intencionalidad,
cosa que no pasaba en el mundo de la física. Sin embargo, es
Lipps quien ha de introducir la diferencia entre "energía
psíquica y fuerza psíquica".
Debemos entender como "fuerza psíquica" aquella condición
previa para que se den los procesos psíquicos y al mismo tiempo
lleguen a tener cierto grado de acción. La "energía
psíquica" en cambio, "sería la posibilidad,
implícita en los procesos mismos, de actualizar esa fuerza en
sí" (Jung -"Energética psíquica y esencia
del sueño" - pág. 26 - Edit. Paidós , Barcelona
- Bs.As. 1982).
Esta diferenciación entre fuerza y energía es indispensable
conceptualmente ya que la energía, en la experiencia, se nos
presenta como movimiento y fuerza cuando es actual, o como situación
o condición, cuando es potencial. Este es un criterio sumamente
adecuado para entender que cuando Jung habla de movimiento, no sólo
se refiere al que pueda manifestarse físicamente, sino también
a los afectos y a las emociones, recordemos que el término "emoción"
proviene de "moción", o sea, movimiento que, en ciertos
casos aluden, no sólo a lo que se muestra, sino también
aquello que no aparece como expresión externa pero que sí
se halla en el mundo interno de un sujeto. El sufrimiento, por ejemplo,
puede tener dos vertientes: una externa (llanto, expresiones de dolor
etc.) y otra no visible (angustia, pena etc. que pueden discurrir, incluso,
muy silenciosamente y absolutamente desconocidos para un observador
externo).
Cuando la energía psíquica es actual, nos ha de decir
Jung que se manifiesta en fenómenos dinámicos como el
deseo, la voluntad, la atención; cuando es potencial, la energía
se presenta como disposiciones, capacidades, habilidades. Veamos un
ejemplo: un sueño produce cierto tipo de imágenes, las
mismas son expresión de la situación actual del inconsciente
del soñante, ahora bien, supongamos que dicho sueño sea
anticipatorio, dichas imágenes en cuanto material simbólico
se hallan en forma potencial , esos hechos aún no son, cuando
el suceso o la situación que anticipó el material onírico
se presentifique en la realidad, esa misma energía que estaba
actuando a nivel de lo inconsciente se actualiza. Lo mismo podemos decir
de una psicosis latente, está en potencia, cuando sobreviene
el brote, la energía que se encontraba como encapsulada se libera,
se actualiza.
Un rasgo distintivo de la teoría junguiana de la energía
,es que la misma debe ser considerada como un concepto cuantitativo,
a diferencia de otras postulaciones en las que la energía es
más bien un concepto cualitativo.
Jung, nunca fue ajeno a las dificultades que presenta una fina delimitación
entre lo psíquico y lo biológico. Sin embargo, nunca dejó
de considerar al primero como un proceso vital, o como parte de un proceso
vital.
El término libido, de tanta connotación dentro del campo
de la psicología, ha sido un vocablo utilizado por Jung como
equivalente al de energía psíquica; otra diferenciación
importante, por ejemplo, es con el Psicoanálisis, dado que para
éste la libido es energía sexual. Por lo tanto, es indistinto
si usamos libido o energía psíquica, estamos aludiendo
a lo mismo. Al intentar alcanzar una teoría psicológica
general, consideró que reducir la energía a lo sexual
ofrece un marco demasiado estrecho para la comprensión de los
fenómenos psíquicos.
Llegados a este punto, es necesario señalar que para el psicoanálisis
la sexualidad no es sólo genitalidad, sino que debe entenderse
bajo un contexto que incluye un cierto grado de extensión en
cuanto concepto, pero que es propio y exclusivo de dicha teoría.
Sin embargo, y a pesar de frecuentes aclaraciones, podría objetársele
que el peso histórico y lingüístico del término
(sexual) aprisionan su significado y lo tornan, incluso por su uso frecuente
y vulgar,en aquello mismo a lo que nos remite la propia palabra.
Jung, jamás dejó de reconocer que fue Freud el primero
en usar el vocablo libido y darle la connotación ya señalada.
Pero en lo que hace a la Psicología Analítica, la forma
de utilizarlo y de aplicarlo es sólo en el nivel de lo representativo,
sin intentar ajustarse a una definición. Aclaremos que lo representativo
implica: deseos, instintos, afectos, amor, odio, agresión, voluntad
etc., y por supuesto también la sexualidad. O si se prefiere:
debe considerarse energéticamente todo anhelo o impulso en general,
o sea, todo lo que pueda entenderse como instinto. Estas consideraciones
hacen que la libido como concepto se amplíe al de intencionalidad
en general .
Pero, retomemos nuevamente el término energía, debe
quedar claro que hay una energía vital, que es la que se encuentra
en todos los seres animados, la energía psíquica sería
una parte de esa energía vital. Si nos proponemos considerar
energéticamente los procesos psíquicos, debemos demostrar
su posibilidad de aplicación empírica. Para ello, Jung,
recurrió a conceptos de la física como la ley de la conservación
de la energía ( recordemos que la energía no se pierde,
se transforma),también nos dirá que debemos diferenciar,
tomados de la disciplina mencionada y directamente relacionados con
la conservación de la energía- dos principios: el de equivalencia
y el de constancia .
Veamos qué nos dicen dichos principios: el primero que: "para
cada energía que se aplica y se consume en la producción
de un estado, aparece en otra parte un "quantum" (cantidad)
igual de la misma o de otra forma de energía". En cambio,
el segundo, establece que : "la cantidad total de energía
siempre permanece igual, sin aumentar ni disminuir". Este último
principio como podrá observarse, es generalizante del primero.
En realidad, para la Psicología Analítica, es el principio
de equivalencia el que ha de interesar, dado que es a partir del mismo
que pueden explicarse ciertos procesos evolutivos y de desarrollo.
Pero a esta visión que Jung nos da acerca de la energía,
todavía le falta un término para ser completa: la energía
es también finalista; pero, por ahora, y para una mejor comprensión,
dejaremos para un poco más adelante el tema de la finalidad (libido).
Frente a este desarrollo hay algo que debe quedar en claro, por todos
los medios Jung intenta escapar a la trampa que pueda brindar un esquema
de tipo rígido o mencanicista; en otras palabras,no reducir diversas
formaciones psíquicas a una sóla temática, que
por definición, siempre ha de resultar simplificante, es demasiado
complejo el psiquismo para ser explicado desde un sólo punto
de vista, entonces, nada mejor que un ejemplo para ver cómo funciona
este proceso.
Para ello tomaremos uno que nos brinda el propio Jung y que por razones
obvias reduciremos y verteremos con nuestras propias palabras: partiendo
de la base que el psiquismo y su correspondiente fenomenología,
no se dejan atrapar fácilmente y que, como recién sostuvimos,
todo reduccionismo es siempre no sólo atomizante sino hasta peligroso
- nos podríamos preguntar ¿qué pasa con un contenido
creativo que se encuentra en lo inconsciente y cuya posibilidad de acceder
a la conciencia sea difícil y que a su vez posea un alto valor
energético?. ¿ Es necesario pensarlo como "reprimido"?
- no se descarta esta opción - pero, ¿ no podríamos
también contemplar la posibilidad que al ser nuevo y creativo
puede permanecer largos períodos absolutamente inconsciente -
incluso, a pesar de una posición favorable de la conciencia,
sin necesidad de considerárselo reprimido?.(Jung - Ibídem
-pág. 22 y 23 nota a pie).
Podría suceder que el carácter extraño o nuevo
del contenido, y precisamente por ello, extraño a la conciencia,
en donde aún no existen asociaciones y vinculaciones con dicho
contenido, haya sido el causante de su inaccesibilidad, y no solamente
la existencia de una posible represión.
Otras consideraciones nos llevan a señalar, como afirma Jung,
que la energía (libido) no sólo opera como factor de intensidad,
sino también como factor de extensidad. La cantidad o factor
de extensidad de la energía ( es decir, su dinamismo), es inseparable
de determinada formación y no puede ser transferido a otra sin
transferir al mismo tiempo partes de esa formación. En cambio,
el factor de intensidad puede pasar de una formación psicológica
a otra.
Estaríamos tentados a hablar del concepto de "sublimación"
y el de "transformación", y bueno no podemos ceder
ante la tentación y algo, aunque sea de paso, vamos a decir.
Tanto uno como otro se refieren a factores dinámicos de la energía;
la diferencia estriba en que el primero, dado el principio de "reducción
a la causa" (basado en el principio de causa-efecto), se sostiene
en el tema de la sexualidad, por lo tanto, toda conflictiva cuando logra
tener metas socialmente aceptadas- se "sublima"(como sucede
en la concepción psicoanalítica), en otras palabras, es
como si se ascendiera y se descendiera por una misma y sola escalera,
la libido va y viene por un solo andarivel.
En cambio, el concepto de "transformación" que va
ligado indisolublemente también al de energía, implica,
que si bien una formación psicológica opera con el principio
de extensidad y al comienzo "transfiere" partes de la primaria
formación original; en la medida en que la nueva cobra entidad
por sí misma se "transforma" en otra cosa, ha generado
una energía nueva y particular propia de esa formación,
que poco o nada le debe a la original.
Tratemos de dar un ejemplo: un estadio de fútbol se realiza
con arena, piedras, hierro etc., cada uno de estos componentes podrían
ser considerados como diferentes "formaciones", una vez que
se mezclan no dejan de poseer aquellos elementos iniciales, pero una
vez que cobran sentido como "estadio de fútbol", esta
nueva formación poco le debe en cuanto funcionalismo a sus elementos
originales, es decir, si lo llevamos al plano psicológico es
una nueva formación absolutamente distinta a aquella de la que
proveniera en sus orígenes, porta su propia y nueva energía.
Por lo tanto,el concepto de transformación de la energía,
lleva implícita la idea de la evolución finalista.
La idea de desarrollo exige la posibilidad del cambio teóricamente
ilimitado, como por ejemplo, sucede hoy en día con la técnica.
Ha de decirnos Jung, que es esta la importantísima razón
por la cual, tanto los causalistas como los finalistas se esfuercen
por sustentar la validez objetiva de sus respectivos principios, dado
que son, al mismo tiempo, los que rigen sus respectivas actitudes ante
la vida y el universo (Jung - Ibídem -pág. 34).
Como vemos, la teoría evolucionista está implícita.
El enfoque finalista que el hombre ha creado, junto con el causalista,
como decía Jung, explicarían el desarrollo psíquico
y su evolución. Por eso la concepción finalista concibe
las causas como medios para un fin, y han de ser los símbolos
los que ocupen el lugar de los hechos.
Cuando los conflictos se conciben solamente apuntando a las causas
se corre el riesgo, a veces, que las mismas sigan actuando permanentemente,
quedando la libido(energía) aferrada a ellas e impidiendo la
evolución. La transformación en cambio, implica que las
causas se conviertan en expresiones simbólicas de un camino a
recorrer. "Con ello desaparece el significado exclusivista de la
causa, es decir, su valor energético, para reaparecer en el símbolo,
cuya fuerza de atracción representa el correspondiente quantum
de libido" (Jung - Ibídem -pág. 35). De ahí
la frase de Jung: lo que es un hecho para la concepción causalista,
es un símbolo para la finalista.
Es bueno recordar, que la actividad simbólica cubre y descubre,
al mismo tiempo, un conjunto de significados que hasta ese momento,
psicológicamente hablando, podrían haberse considerado
únicamente como obstáculos, represiones o resistencias
propias de lo inconsciente.
Otro postulado, complementario del de equivalencia lo constituye el
pricipio de entropía . El mismo responde al criterio de que el
psiquismo funciona como un sistema relativamente cerrado. Puede observarse
en aquellas personas cuyas creencias son permanentes y relativamente
inmutables; la posibilidad de cambiarlas traéles aparejadas en
el primer momento, fuertes fluctuaciones energéticas; comienzan
las contradicciones, que es el inicio de las compensaciones hasta que
logran un cierto equilibrio psíquico. Por eso, una actitud mental
surgida de fuertes tensiones de energía sea particularmente estable.
Cuando se superan grandes complejos psíquicos, donde generalmente
hubo concentraciones importantes de energía, se suele generar
en los sujetos que las sufrieron, un aumento de su seguridad personal;
por lo contrario, si la energía constelizada en el conflicto
aumentó, sin posibilidad de ser contenida, es factible que ejerza
influencia negativa sobre la personalidad, aumentando en quien la sufre
su inseguridad.
Al decir entonces que el psiquismo opera como un sistema relativamente
cerrado, estamos en condiciones de entender como funciona la energía,
por ejemplo, en ciertos trastornos mentales graves como la esquizofrenia
o la manía; pero también, en los procesos voluntariamente
dirigidos como el pensamiento y el sentimiento.
Es interesante lo que Jung dice acerca de un principio que completa,
por así decirlo, al de entropía, que es el de exclusión
de lo inconveniente, frecuente y fácil de observar también
en la vida diaria, donde solemos sufrirlo a menudo: aquellos que se
aferran a una idea o sentimiento sin permitir la intromisión
desde afuera de nada que lo aparte del sentido elegido o de sus propias,
únicas y "verdaderas convicciones"; de aquí
provienen los llamados "prejuicios"o "las formas acostumbradas
de pensar", los fanatismos políticos, las pasiones teóricas
etc. (Cfr- Costa, N. - "Temas de psicología junguiana"
- Edti. C.E.A., Bs. As. 1995 ).
Como sostiene Jung, la tenacidad de tales formaciones se observa cuando
uno intenta cambiarlas; en la historia de los pueblos esas modificaciones
han costado torrentes de sangre.
Ahora bien, como es en su origen esta libido ?- diríamos que
en sus comienzos es un apetito en su estado natural, la esencia de la
misma son las necesidades corporales como el hambre, la sed, el sueño,
los estados emocionales primarios. (mediatizados por el ritmo, por ejemplo:
mamar y que en última instancia han de ser y son la expresión
de procesos emocionales). Un segundo período caracterizado por
movimientos rítmicos más generalizados y que coinciden
en general, con la época del desarrollo espiritual y verbal (de
uno a cuatro años), al que Jung propone llamar "fase presexual".
Por último, la libido ya liberada en parte de sus ataduras a
las necesidades básicas, genera en su evolución posibilidades
de aplicación para ser transferida, en forma de valor de energía,
a cualquier sector: trabajo, sexualidad, poder, política, religión
etc. sin ser nunca algo específico, sustancial.
Por último, digamos que hay dos movimientos libidinales (enrgéticos)
sumamente importantes desde el punto de vista psicológico: el
de progresión, que puede definirse como el avance del proceso
de adaptación psicológica; éste requiere dos pasos,
aunque aclaremos que la adaptación nunca llega a completarse
totalmente: 1) el establecimiento de cierta actitud frente a la realidad,
dado que la misma impone cambios, estos cambios implican lo que se conoce
como adaptación ; 2) actitud y adaptación deben complementarse.
El otro movimiento libidinal es la regresión , cuando los fines
de adaptación no poseen las valencias energéticas necesarias,
la libido se estanca ( podría considerarse a nivel clínico
como una advertencia de que algo no anda bien ) como las aguas de un
río que encuentran detenido su cauce natural, luego lógicamente
comienza el repliegue y los contenidos inconscientes con su carga energética
específica comienzan a manifestarse en forma indirecta, incipiente,
por ejemplo: en fantasías y sueños (Costa, N.- Ibídem
- pág. 105 y ss.).
Si la regresión continúa, aumenta la energía
de los contenidos que no fueron utilizados por el proceso de adaptación,
los cuales son absolutamente inconscientes, "fango abisal",
en palabras de Jung; sin embargo, no sólo pueden estar allí
los llamados "aspectos irracionales" y repudiables, sino los
gérmenes de nuevas posibilidades vitales. Por tanto, no siempre
la regresión implica una situación patológica,
a veces se "regresa" para activar imágenes cuya carga
energética le permitan a un sujeto, "salir" para continuar
con los aspectos progresivos libidinales.
La regresión es patológica, cuando hay un detenimiento
en el tiempo en aspectos inútiles para la adaptación,
se puede observar cuando un sujeto reactiva estados infantiles (pudiendo
llegar hasta la fase rítmica y presexual) pero, si la regresión
continúa, aparecerán elementos de una psicología
absolutamente arcaica, productos mitológicos comparables a los
de épocas muy lejanas de la humanidad, es decir, con manifestaciones
de lo inconsciente colectivo ; lo que demuestra que las fases primitivas
de la libido pueden ser reactivadas por estados regresivos profundos.(Cfr.
Jung- "Símbolos de transformación"- Edit. Paidós,
Bs. As. 1977).
Por otra parte, la acumulación de libido se caracteriza también
por la disociación de los pares de contrarios. En el curso de
la progresión de la libido, los pares de opuestos se han mantenido
unidos, su acción sinérgica, como señala Jung,
facilita el equilibrio del proceso psicológico, que, como todo
proceso posee antagonismos internos. Esta es la razón, por la
que toda extravagancia o exageración se considere como falta
de equilibrio, por faltarle la acción coordinadora del impulso
antagónico.
"Por consiguiente, siempre la progresión de la libido
lleva implícita en su esencia la interacción uniforme
y equilibrada del impulso y de su antagonista, del "sí "y
del "no". (Jung - "Energética...).
Notable este aporte de Jung, que nos habla no ya de los tradicionales
pares de opuestos como pueden ser el bien y el mal, el sadismo y el
masoquismo o tantos otros., de los cuales también habla, sino
que destaca dos que son tan obvios, pero que al mismo tiempo acarrean
importantes problemas; son muchas las personas que a veces no pueden
decir un "no" a algo, y otras que dudan o tiemblan frente
a la posibilidad de un "sí".
Esta compensación y unión de los pares antagónicos
se comprueba, por ejemplo, en un proceso reflexivo ante una toma de
decisión importante. Pero, en un proceso de "acumulación
de libido", cuando queda impedida la progresión y el "sí"
y el "no" ya no pueden unirse, comienza a ascender el valor
de las posiciones antagónicas; esto crea tensiones que llevan
al conflicto; el conflicto conduce a intentos de represión mutua
y si fracasa la represión de la parte contraria se produce lo
que se denomina "disociación"; entonces, junto con
la eclosión del conflicto comienza también el proceso
de la regresión.
Jung, nos alerta acerca de cierta confusión que pueden originar
los conceptos que venimos trabajando, cuando por ejemplo, sostiene que
la progresión libidinal no debe confundirse con la evolución.
El constante flujo de la vida no necesariamente significa desarrollo
progresivo y diferencial. La vida psíquica humana puede ser progresiva
sin evolución y regresiva sin involución.
La progresión y la regresión pueden relacionarse, a
su vez, con la extraversión y la introversión de la libido,
de lo que se deduce que el movimiento libidinal no sólo es hacia
adelante y hacia atrás, sino también hacia afuera y hacia
adentro.
Dr. Néstor E. Costa
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