"La Ilustración según Michel Foucault"

por Angelina Uzín Olleros


La Ilustración como uso público de la razón:
En 1784 el periódico alemán Berlinische Monatschrift publicó una respuesta a la pregunta Was ist Aufklärung? (¿Qué es la Ilustración?); y esa respuesta era de Kant. Fue una costumbre de los diarios del siglo XVIII el dejar abiertas preguntas que aún no tenían respuesta.

Para Kant la ilustración es "salir de la minoría de edad". Esta minoría radica en la incapacidad de servirse del propio entendimiento, dejando de lado la dirección de otro. La divisa de la ilustración es la de tener el valor de servirse del propio entendimiento, de la propia capacidad de pensar.

Según Kant la mayoría de los mortales permanecen en la minoría de edad a causa de la pereza o de la cobardía. Pensar por sí mismos quiere decir, en definitiva, ser libre para expresar nuestros pensamientos, fijar una posición, defender nuestros principios, pero esto exige valentía; para ser autónomos debemos estar dispuestos a pagar un precio por disentir en vez de repetir lo que dice el otro.

El uso público de la razón siempre debe ser libre, y es el único que puede producir la ilustración de los hombres. Nadie está obligado a cumplir una orden o a defender una postura que repugne su conciencia moral. Este es el uso que hacemos en cuanto doctos, es decir en la medida en que nos atrevemos a pensar desde nuestra propia conciencia.

"Kant enuncia que el ciudadano que paga impuestos, el oficial que da la orden, el cura que enseña catecismo, todos ellos deberían estar habilitados para hacer público su razonamiento sobre sus funciones o roles. La estrategia militar, las creencias religiosas, los impuestos, pueden hacerse públicos en las expresiones públicas de los diarios. Esto es la Ilustración". (DOUAILLER, Stéphane. El pueblo de los emancipados. Conferencia del Seminario Internacional de Apertura. Facultad de Ciencias de la Educación. UNER. 20 y 21 de Abril de 2001).

Nadie puede impedir este uso público de la razón, aunque al interior de las instituciones predomine el uso privado, por ejemplo, el cura, el soldado, el contribuyente pueden ver restringida su posibilidad de opinar sobre las cuestiones de gobierno institucional dentro del ámbito privado; pero ninguna ley puede prohibir que ellos expongan sus ideas en los medios de comunicación, o en un ámbito público cualquiera.

Por supuesto que Kant advierte los riesgos de poner en marcha este uso público de la razón; quien expone su punto de vista puede ser despedido, excomulgado, multado, excluido. Pero el riesgo es aún mayor cuando los hombres - por temor o cobardía - se privan de ello.

Si la libertad está dada por naturaleza, si los hombres pueden ser libres, entonces deben ser libres. Negar el uso público de la razón, es negar la libertad. Y el alcance de esa prohibición no es individual sino social.

"Una época no se puede obligar ni juramentar para poner a la siguiente en la condición de que le sea imposible ampliar sus conocimientos (sobre todo los muy urgentes) purificarlos de errores y, en general, promover la ilustración. Sería un crimen contra la naturaleza humana, cuya determinación originaria consiste, justamente en ese progresar". (KANT, Inmanuel. Filosofía de la historia. México. Fondo de Cultura Económica. 1941. Página 61).

La Ilustración es el paso del lector al autor, es la conversión de la simple interpretación a la producción. Ser autoridad requiere de esta autonomía de la razón, el poder pensar sin tutores. Cada uno de nosotros está arrojado a la aventura de su propia razón, cada uno y todo un pueblo debe construir la razón de su propio proyecto. El proyecto ilustrado es el proyecto de la emancipación, es el de la educación entendida como proyecto emancipatorio.

Ser sujetos ilustrados significa ser sujetos capaces del ejercicio de libre pensamiento, que no quiere decir cualquier pensamiento, sino el de llevar adelante la crítica de las instituciones en términos de examen permanente de las prácticas que ellas generan y los comportamientos que propician.

Nos queda por responder en adelante esta pregunta: ¿es ésta una época de ilustración?.

La Ilustración como interrogación por el presente:

Michel Foucault ofreció dos conferencias, una en 1983 y otra en 1984 (año en que el filósofo francés murió); ambas llevaban el mismo título "¿Qué es la Ilustración?". Nosotros haremos referencia a la última de estas disertaciones.

En sus últimos años, Foucault dedicó sus investigaciones a la realización de una arqueología de las racionalidades políticas y a la genealogía de las políticas modernas de la razón. Desde ambas perspectivas él se permite pensar la intención que tuvo Kant al responder la pregunta por la ilustración y qué podemos tomar en la actualidad como aporte del filósofo idealista.

Para Foucault el pensamiento filosófico moderno procura reflexionar sobre su propio presente; puede decirse, según él, que esa reflexión ha tomado tres formas principales. Una es que se puede entender el presente como perteneciente a una determinada época, esa época es diferente de otras porque tiene características propias o está separada por ellas a partir de acontecimientos dramáticos. Otra manera de interrogar el presente es tratar de identificar en él signos anunciadores de un próximo acontecimiento, aquí se realiza una hermenéutica histórica. Un tercer modo de analizar el presente es entendiéndolo como un punto de transición hacia la aurora de un mundo nuevo.

Pero Kant no planteó la cuestión filosófica del presente en ninguno de esos términos. Para él, el presente debe emprender la empresa de llevar adelante la relación preexistente entre la voluntad, la autoridad y el uso de la razón.

La humanidad va a hacer uso de su propia razón sin someterse a ninguna autoridad. La crítica tiene, entonces el rol de definir las condiciones en las que el uso de la razón sea legítimo para determinar lo que se puede conocer, lo que hay que hacer y lo que está permitido esperar.

Un uso ilegítimo de la razón es el que se hace mediante la necesidad ilusoria del dogmatismo y la heteronomía (pienso pero tengo que obedecer); un uso legítimo de la razón es el que se define claramente en sus principios y que está garantizado por la autonomía.

La Ilustración no es pues solamente el proceso por el cual los individuos verían garantizada su libertad personal de pensamiento; en ella hay superposición del uso universal, del uso libre y el uso público de la razón.

Haciendo referencia al texto kantiano, Foucault dice: "La reflexión sobre el 'hoy' como diferencia en la historia y como motivo para una tarea filosófica particular me parece que es la novedad de este texto. Y considerándolo así, me parece que se puede reconocer en él un punto de partida: el esbozo de lo que se podría llamar la actitud de la modernidad." (FOUCAULT, Michel. ¿Qué es la Ilustración?. Argentina. Córdoba. Alción. 1996. Página 93).

La modernidad no es entendida como período de la historia, sino como una actitud, como un modo de relación con respecto a la actualidad. Algo similar a lo que los griegos entendían como un "ethos". "Por consiguiente, antes que pretender distinguir el 'período moderno' de las épocas 'pre' o 'postmoderna', creo que más valdría indagar cómo la actitud de modernidad, desde que se formó, se encontró en lucha con actitudes de 'contra-modernidad'." (FOUCAULT, Michel. Obra citada. Página 94).

Foucault afirma que hay escapar del "chantaje intelectual o político" de estar a favor o en contra de la modernidad.

La Ilustración es para Foucault un tipo de interrogación filosófica que problematiza nuestra relación con el presente y nuestro modo de ser histórico, así como también la constitución de uno mismo como sujeto autónomo. Ser un ilustrado no es estar ligado a unos elementos de doctrina sino reactivar permanentemente la actitud crítica. Define la ilustración como "...un ethos filosófico que se podría caracterizar como crítica permanente de nuestro ser histórico".

Como pensador independiente, marcado por la influencia nietzscheana, las investigaciones sobre la ilustración no estarán orientadas hacia "el núcleo esencial de la racionalidad" sino hacia "los límites actuales de lo necesario". Para Foucault la búsqueda emprendida es hacia lo que ya no es indispensable para la constitución de nosotros mismos como sujetos autónomos.

La crítica es el análisis de los límites y la reflexión sobre ellos. La consecuencia de esto es que la crítica no se ejerce en la búsqueda de estructuras formales que tengan un valor universal, como pretendía Kant; sino a través de una "investigación histórica a través de los acontecimientos que nos condujeron a constituirnos, a reconocernos como sujetos de lo que hacemos, pensamos, decimos".

La tarea que debemos emprender es la de considerar una ontología crítica de nosotros mismos no como una teoría sino como una actitud, como un ethos, una vía filosófica del análisis histórico de los límites.

En Foucault la búsqueda de la verdad en términos de ejercicio de la crítica no es trascendental y no tiene como fin hacer posible una metafísica. Es arqueológica, como él mismo dice, porque trata de rastrear los discursos que articulan lo que pensamos, decimos y hacemos como otros tantos acontecimientos históricos. Verdad, pensamiento y acción son construcciones histórico-sociales.

Y es genealógica porque extraerá la contingencia que nos hizo ser lo que somos en la posibilidad de ya no ser, hacer o pensar lo que somos, hacemos o pensamos.

"No sé si hace falta decir hoy que el trabajo crítico todavía implica la fe en la Ilustración; pienso que sigue necesitando el trabajo sobre nuestros límites, es decir, una labor paciente que le dé forma a la impaciencia de la libertad." ( FOUCAULT, M. Obra Citada. Página 111).

Reescribir la Modernidad:

Tomo prestado el título de un artículo de J.F. Lyotard en el que afirma "...me contentaré con la siguiente respuesta: reescribir la modernidad es resistirse a la escritura de esta supuesta posmodernidad". (LYOTARD, J.F. Lo inhumano. Buenos Aires. Manantial. 1998. Página 43).

Las consignas de la modernidad planteadas por Kant al dar respuesta a la pregunta por la Ilustración deben ser "resignificadas", "reescritas" para inscribirlas en el presente histórico. Un presente que no puede autonegarse la posibilidad de poner en marcha un proyecto que tenga como finalidad urgente la libertad, la igualdad y la fraternidad.

No podemos afirmar que hemos llegado a la mayoría de edad, seguramente hoy es tan o más difícil lograrlo que a fines del siglo XVIII. ¿Quién puede dar respuesta al presente en términos de ilustración?. ¿Cómo podemos colectivamente construir un proyecto ilustrado que signifique la posibilidad de decir y pensar algo como sujetos autónomos, es decir, no alienados?.

Los educadores ¿podemos transformarnos en sujetos ilustrados?; Kant nos diría si pueden, entonces, deben ser sujetos ilustrados.

Esta realidad de culturas depredadoras y "escenas de la vida posmoderna", ¿nos deja un resto, una posibilidad de atrevernos a pensar a pesar de los ministros de economía, el FMI, las multinacionales, la clase dirigente que va de la corrupción a la confusión?.

Michel Foucault nos propone una ontología histórica de nosotros mismos en términos de una genealogía del poder. Es conocido el reproche que le hacen sus críticos por no ofrecer propuestas políticas de salida como solución a la sociedad disciplinaria que él denuncia en Vigilar y castigar. Pero su obra no impide que lo realicemos nosotros, Foucault mismo lo admite: "Lo que digo debe ser considerado como unas proposiciones, unos 'ofrecimientos de juego' a los que se invita a participar a quienes puedan interesarse en ello; no se trata de afirmaciones dogmáticas que deben ser tomadas en bloque. Mis libros no son tratados de filosofía ni estudios históricos; a los sumo, fragmentos filosóficos en canteras históricas." (FOUCAULT, Michel. El discurso del poder. México. Folios. 1983).

Por último, para reivindicar a Foucault de sus críticos, quiero transcribir una parte de su discurso leído en Ginebra en 1981 en una conferencia de prensa que anunciaba la creación de un Comité internacional para defender lo derechos humanos.

"...El sufrimiento de los hombres nunca debe ser un mudo residuo de la política, sino que, por el contrario, constituye un fundamento de un derecho absoluto a levantarse y a dirigirse a aquellos que detentan el poder...Es preciso darse cuenta de que con mucha frecuencia son justamente los gobernantes los que hablan, quienes únicamente pueden y quieren hablar. La experiencia muestra que se puede, y que se debe rechazar el papel teatral de la pura y simple indignación que nos proponen. Amnistía Internacional, Tierra de los Hombres, Médicos del Mundo, son algunas de las iniciativas que han creado este nuevo derecho: el derecho de los sujetos privados a intervenir efectivamente en el orden de las políticas y de las estrategias internacionales. La voluntad de los individuos debe incardinarse en una realidad que los gobiernos han pretendido monopolizar. Ese monopolio es el que hay socavar poco a poco y día a día." (FOUCAULT, Michel. La vida de los hombres infames. Madrid. La Piqueta. 1990).

La Ilustración desde esta propuesta es el reconocimiento de la urgencia por pensar el presente como sujetos que pueden y deben ejercitar la crítica, no para llegar al sin sentido del nihilismo, sino para hacer algo por nosotros mismos y por los otros seres humanos, aunque eso no signifique cambiar el mundo sino transformar una parte desde el pequeño horizonte de esperanza que alimentamos en nuestra humana transitoriedad.

Angelina Uzín Olleros. Profesora de Filosofía. Paraná. Entre Ríos. angelinauzin@gigared.com. angelinauzin@ciudad.com.ar

 

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