| Hace pocos días llegó a mis manos y a mis ojos, un libro
que portaba ese título: la mujer es puro cuento. En ese libro se
recopilan historias y cuentos sobre mujeres o, si quiero hacer una aproximación
más cierta, sobre lo femenino. Más allá de las lindezas
que el libro le aportó a mis noches de lectura, y a mi alma siempre
ávida de historias, me prestó una frase para sintetizar en
pocas palabras lo que ha sido mi trabajo en estos tantos años de
atender el alma femenina. Las mujeres vienen a mi consulta, a contar cuentos.
No quiero decir con esto que los hombres no lo hagan, pero hoy me gustaría
hablar solamente de las mujeres.
Mucha gente se pregunta, ¿qué se hace en un análisis?
¿en qué consiste un taller de y para mujeres?
Ante todo podría decir, que cuando alguien se acerca a un espacio
así, está acosada por una pregunta. Esa pregunta puede ser
muy clara: ¿por qué terminó mi matrimonio? ¿cuándo
fue que dejé de trabajar con pasión? ¿por qué
me quedo en un lugar que no me gusta? ¿por qué por más
que me prometo cada semana abandonar tal o cual hábito, nunca lo
logro? ¿por qué me dejo maltratar? ¿por qué
maltrato a los demás? ¿por qué estoy siempre cansada?
¿cuándo fué que perdí mi energía sexual?
Pero muchas veces, quizá las más, la pregunta no es tan
clara, y se expresa con un malestar difuso que dice que algo se pudre
en Dinamarca, pero no sabemos muy bien qué es.
Esta pregunta, habitualmente, es la que comienza el cuento. El cuento
particular y propio de cada una, irrepetible, individual. El cuento que
cada mujer tiene que comenzar a contar-se y contar-nos. Ese cuento que
recién al finalizar la tarea obtendrá un título, y
será el primero de muchos cuentos que las mujeres debemos ir hilvanando
en la vida, como si fuesen collares de flores.
En el corazón del cuento, anida el más supremo de todos
los misterios, el misterio de la Vida, del Amor y de la Muerte. Un misterio
que exige ser develado, hurgado, dicho, vivido, contado. Un misterio que
lleva al desgarro y a la entrega, y que culmina con una vida vibrante y
apasionada.
Quizá no es feliz la palabra: culmina, ya que este misterio no
es algo estático, objetal, detenido. Es un proceso que lleva toda
la vida.
Los cuentos son procesos, en definitiva todos sabemos que cuando decimos:
y colorín colorado este cuento se ha terminado, no decimos más
que se ha cerrado un capítulo, y que este cierre permite la apertura
de otro o muchos otros.
¿Qué herramientas usamos para contarnos el cuento? Todas
aquellas que poseen nuestras almas: sueños, fantasías, recuerdos,
escenas, ilusiones, proyectos, ideales, nuestra propia historia, y la historia
de quienes nos precedieron. Nos zambullimos en este granero inacabable,
y como Psique, comenzamos a discrimar semilla por semilla, las agrupamos
por color, por forma, por tamaño. Aprendemos para esto a usar los
ojos del alma, que todo lo ven, y los oídos del corazón.
Abandonamos los claros mapas de ruta del yo, y nos habituamos a usar la
intuición para seguir los tenues hilos que el espíritu va
tejiendo. Hacemos acopio de todo nuestro coraje, y muchas veces nos lanzamos
a un abismo con el corazón encendido y las manos atadas, con la
confianza de sabernos Hijas de una Madre poderosa y sabia, que en susurros
nos marca el camino.
Recorremos un camino extensísimo, al que vamos fertilizando con
nuestras lágrimas, nuestras risas desmesuradas, nuestro vientre
alborotado, y muchas veces con nuestros gritos de desesperación.
Y así, poco a poco, y paso a paso, volvemos a la Vida, aceptando
todas las Muertes que tengan que venir, y con ellas, a la pequeña
muerte que nos está esperando siempre, desde el mismo momento en
que dimos por primera vez la gran bocanada de aire que nos convirtió
en mujeres y humanas.
Sobre todos los animales, nos habita una excepción: aprendemos
de la experiencia ajena. Porque en definitiva sabemos que la experiencia
de los otros, no nos es tan ajena. Que en un punto, todas estamos unidas
en un tejido sutil, en un gran cuento que se está contando desde
el principio de los tiempos. Ese es el porqué de los grupos, de
los talleres. Nos escuchamos, pero más importante aún, escuchamos
a otras. Y permitimos que ese sonido nos resuene en el alma y lo hacemos
propio a través del gran misterio de la compasión.
Soy una hechicera de estos tiempos que corren. Ninguna universidad me
ha otorgado ese título. Lo he ido logrando a fuerza de dolor y de
coraje. He bailado con mi Hermana Oscura sobre el fuego, e incluso he soportado
su ponzoña, pero sin llegar a ser invulnerable. He seguido los pasos
de mi Amante, y lo he mirado a los ojos de sus tantas caras: la de hermano,
la de padre, la de esposo, la terrible, la de Hacedor. Sigo a mi Madre
con los pies desnudos y el corazón atento, y me esfuerzo por cumplir
con los trabajos que me exige.
Escucho e intento comprender a todas mis Niñas: la manca, la pequeña
bruja, la princesita de papá, la rival de mamá, la ingenua,
la loca, la vivaz, la de los juegos eternos.
Pero por sobre todas las cosas, estoy atravesada por todos los cuentos
que como pequeños brillantes dejan caer las mujeres que me hacen
el honor de regalármelos al oído día tras día,
semana tras semana, y que con ellos me amplían la posibilidad de
seguir preguntándome, con la ilusión de realizar la enorme,
feroz tarea que tenemos y hemos tenido siempre las mujeres por delante,
la de respondernos algún día la gran pregunta, aquella que
dice: ¿Quién soy?
Lic. Nora Galliano
Psicoanalista de orientación Junguiana
| GRUPO
VIVENCIAL Y DE REFLEXIÓN
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| Dentro de toda mujer, incluso de
la más reprimida, alienta una vida secreta, una fuerza poderosa
llena de buenos instintos, creatividad apasionada, y sabiduría
eterna. Es la Mujer Salvaje, una especie en peligro de extinción
que representa la esencia instintiva femenina. Aunque los regalos
de la naturaleza le pertenecen por nacimiento, los constantes esfuerzos
de la sociedad por civilizar a las mujeres y constreñirlas
a unos roles rígidos las han dejado sordas a los dones que
alberga su interior.
Unirse a la naturaleza instintiva no significa deshacerse, cambiarlo
todo. No significa perder las relaciones propias de una vida en sociedad
o convertirse en un ser menos humano...Significa establecer un territorio,
encontrar la propia manada, estar en el cuerpo con certeza y orgullo,
cualesquiera que sean los dones y las limitaciones físicas.
C.P.E
Un taller es un lugar para poner el cuerpo, la mente, el alma y
el corazón. Un espacio para compartir con pares y diferentes.
Un tiempo para la emoción honda, la risa espontánea
y la reflexión profunda. Para hablar de uno, y mirarse en
el espejo de los otros. Para darse cuenta, que sea lo que fuere que
a uno le pase, no está solo; y sobre todo, que en cualquier
lugar donde uno se encuentre, siempre se puede estar mejor. Que mucho
se puede curar y casi todo, aliviar.
En este taller nos propondremos realizar la búsqueda mítica
que realiza toda mujer para sanar la profunda herida de la naturaleza
femenina, una herida producida tanto a nivel personal como cultural
o espiritual. Es un viaje a la vez psicológico y espiritual
que tiene por meta integrar todas las partes de nuestra naturaleza.
El taller está diseñado para guiar a sus asistentes
a través de las diferentes etapas de su búsqueda. Se
explorarán cada etapa del camino y se examinarán mitos
y leyendas que arrojan luz sobre las diferentes experiencias vitales.
La modalidad del taller es teórico-vivencial, de trabajo
grupal y proceso personal.
Trabajamos con explicaciones teóricas, prácticas
de relajación, interiorización, autoconocimiento, imaginación
activa, reflexiones grupales, cuentos, discusiones abiertas, etc.
Es importante aclarar que cada uno se mueve a su ritmo, y nadie
se va a ver obligado a compartir lo que no quiere. El respeto y la
libertad, son dos reglas básicas sin las cuales esta modalidad
de trabajo, no sería posible.
La admisión de los participantes, es bajo entrevista previa.
Para más información, ponerse en contacto con:
Lic. Nora Galliano : TE: 011-15-4989-2655
nora@jungba.com.ar
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